Siempre que escucho a Nat King Cole me invade el mismo deseo que, sin tener pies ni cabeza, es casi tangible. Sus boleros me hacen pensar en bailar unos agarrados en la cocina de mi abuela, que ya no existe más que en mi cabeza, recreada con todos los detalles que recuerdo y creo recordar. No es que haya escuchado a Nat King Cole con especial frecuencia en esa casa; desde luego, no como para relacionarlo directamente con aquellas habitaciones y aquel olor. Es más bien una asociación aleatoria, casi como esos recuerdos que ya no guardamos como hechos nítidos, sino como narraciones que se fosilizan y que formarán parte de nuestro repertorio de batallitas seniles. Este tipo de canciones despiertan mi ya de por sí acusada tendencia a pensar en la vejez, la memoria, la muerte, la nostalgia y todo el resto de esas cosas de color anaranjado. Es entonces cuando, en mi condición de atea, busco casi sin querer alternativas a la promesa de la vida eterna: y bailar en la cocina de mi abuela, al son de los melosos violines de Perfidia, es una escena en la que, por alguna razón, no me importaría pasar la eternidad.
He descubierto que puedo ser invisible.
19 01 2010Sobre todo cuando me ayudan.
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Segundas Impresiones
15 01 2010La tierra estaba tan blanca que se veía la sombra de los cuervos. Mirar cómo se mueve el campo inglés de Londres a Leeds es lo que más se parece a mi equivocada idea de Inglaterra. Los lagos construidos de forma artificial, con isletas llenas de juncos en el centro, las casas con jardín y claraboya, las iglesias mugrientas, todo eso me inspira y empiezo a pensar en lo auténtico que va a ser estar medio año estudiando a Chaucer y el resto del medievo. Soy consciente de que las clases no van a ser una película de Robin Hood, pero me cuesta deshacerme de esa idea. Sobre todo, porque es posible que sea eso precisamente lo que me trajo hasta aquí. Me refiero a ese ambiente de Princesa Prometida que todo el mundo (¿o sólo yo?) aplica al mundo medieval, equivocadamente, como es obvio.
De momento, la semana termina con un viaje a los moors al norte de Leeds, a un pequeño pueblo llamado Skipton(-in-Craven) que tiene un castillo normando del siglo XI, con un árbol colocado en medio del patio que recuerda tanto a uno de esos telefilmes artúricos de después de comer -esos que suelen durar un par de domingos-. El mero hecho de tener un plan que no sea ir a hacer fotocopias me alegra la vida, sobre todo por ir en compañía de algunos compañeros de la School of English, encantadores todos ellos. La semana que viene habrá tiempo de sobra para preocuparse por el hecho de que entiendo más o menos la mitad del Middle English, etapa del idioma en la que están escritos todos mis libros de este semestre.
En resumen: quiero pensar que, a pesar de todo, este semestre empieza bien.
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#20
1 12 2009Bien. Algunos de vosotros, y ya digo mucho con hablar en plural, estaréis hasta vuestra parte corporal favorita de que pegue citas de libros que os dan igual y, lo que es peor, en inglés. Pues hoy toca cita también, pero esta vez justificada. “The Heat Death of the Universe”, de Pamela Zoline, está considerado como un ejemplo de ciencia ficción posmoderna. Lo cual puede echar para atrás así de primeras dado lo chic del término. Sin embargo, es difícil ver dónde está la ciencia ficción en esto (que no la posmodernidad, que se le ve), y ha sido más bien debido a las menciones (y definiciones) que aparecen de términos como la entropía por lo que automáticamente se ha metido a Zoline en el género. No voy a discutir eso. Sólo quiero que leáis una parte que me he tomado la libertad de traducir, porque a) quiero que lo leáis de verdad y b) el relato nunca ha sido traducido al castellano de forma oficial que yo sepa y me hacía ilusión.
Esta cosa marcó un antes y un después en mi forma de ‘recibir’, apreciar la literatura. Es bastante desconocido, tal vez por buenas razones, probablemente no. Por eso creo que se merece un poco de publicidad. El relato en sí está organizado en 54 párrafos numerados, de los cuales algunos cuentan el día a día de un ama de casa californiana y otros dan explicaciones enciclopédicas de términos como la ontología, la entropía, el dadaísmo y el amor. Y creo que ya he dicho demasiado.
(2) Imagina un cielo matutino azul claro, casi verde, con nubes sólo en los bordes. La tierra gira y el sol parece elevarse, las montañas se erosionan, las frutas se pudren, el Foraminifera añade una cámara más a su concha, las uñas de los bebés crecen como lo hace el pelo de los muertos en sus tumbas, y en los temporizadores la arena cae y los huevos se cuecen.
[...]
(24) Los ojos azules de Sarah Boyle, ¿cómo de azules? Mucho más azules y de una cualidad distinta a la de las metáforas naturales que fueron tanto motor como combustible de tantísima literatura precedente. Un azul delicado, moderno, ácido, sintético; el cerúleo reluciente de los cielos en las postales enviadas desde subtrópicos exuberantes, los nativos esbozando ambivalentes sonrisas de marfil en sus caras oscuras; el prometedor azul grueso, antinatural de la pesada cápsula tranquilizante; el azul fresco y mezquino de esa falsa esponja de cocina; el más profundo, más increíble azul celeste de los interiores embaldosados y libres de musgo de las piscinas de California. Los químicos en sus cocinas prepararon, enfriaron y destilaron este azul desde miles de cristales incoloros y maravillosamente construidos, cada uno único y sin igual; y ahora ese color, silba, bulle, arde en los ojos de Sarah.
[...]
(30) Sarah Boyle es una joven esposa y madre vivaz e ingeniosa, educada en un buen colegio del este, orgullosa de su familia en aumento que la mantiene feliz y ocupada por la casa, involucrada en muchas aficiones y actividades de la comunidad, y sólo ocasionalmente dada a obsesiones acerca de el Tiempo/la Entropía/el Caos y la Muerte.
Os voy a dejar un enlace a todo el relato, en inglés. Si a alguien le interesa leer todo el texto en castellano, yo puedo traducirlo por el módico precio de una cena en Navidad.
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Danser in the dark
28 11 2009No empiezas a sentirte en tu casa hasta que tu mano encuentra el interruptor en la oscuridad de forma automática.
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#19
24 11 2009Incarnate ugliness, and yet alive! What would become of them all? Perhaps with the passing of the coal they would disappear again, off the face of the earth. They had appeared out of nowhere in their thousands, when the coal had called for them. Perhaps they were only weird fauna of the coal-seams. Creatures of another reality, they were elementals, serving the element of coal, as the metal-workers were elementals, serving the element of iron. Men not men, but animas of coal and iron and clay. Fauna of the elements, carbon, iron, silicon: elementals. They had perhaps some of the weird inhuman beauty of minerals, the lustre of coal, the weight and blueness and resistance of iron, the transparency of glass. Elemental creatures, weird and distorted, of the mineral world! They belonged to the coal, the iron, the clay, as fish belong to the sea and worms to dead wood. The anima of mineral disintegration!
D.H. Lawrence, Lady Chatterley’s Lover.
Otra cita, amigos; porque sé que las leéis y os encantan.
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22 11 2009
A veces es tan obvio que la música inventó el amor.
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god bless me all
20 11 2009Aquí son los católicos los que van de puerta en puerta.
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Ridiculous Ways to Die
17 11 2009Lo primero que me viene a la cabeza cuando salgo del supermercado, con la mitad de mi peso en comida a mi espalda y en mis dos manos, es que ése de entre todos los instantes de mi vida sería el peor momento para ser arrollada por una ambulancia.
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#18
14 11 2009And why don’t you write? Write! Writing is for you, you are for you; your body is yours, take it. I know why you haven’t written. (And why I didn’t write before the age of twenty-seven.) Because writing is at once too high, too great for you, it’s reserved for the great – that is, for “great men”; and it’s “silly”. Besides, you’ve written a little, but in secret. And it wasn’t good, because it was in secret, and because you punished yourself for writing, because you didn’t go all the way; or because you wrote, irresistibly, as when we would masturbate in secret, not to go further, but to attenuate the tension a bit, just enough to take the edfe off. And then as soon as we come, we go and make ourselves feel guilty – so as to be forgiven; or to forget, to bury it until the next time.
“The Laugh of the Medusa” (1975) Hélène Cixous.
Afortunadamente, o no, ha llovido lo suficiente ya como para saber cuándo un texto es pésimo de por sí, y no por ser producto de una mente femenina avergonzada. Habría que empezar a recuperar algo de esa vergüenza, por mantener cierta higiene cultural, al menos.
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