#16

3 11 2009

Jan, why don’t you?’

‘I, my dear? For a most excellent reason.’

‘What reason?’ demanded Miriam in a shaking voice. Her heart was beating; she felt that a personal decision was going to be affected by Jan’s reason, if she could be got to express it. Jan did not reply instantly, and she found herself hoping that nothing more would be said about writing, that she might be free to go on cherishing the idea, alone and unbiased.

‘I do not write,’ said Jan slowly, ‘because I am perfectly convinced that anything I might write would be mediocre.’

The Tunnel, Dorothy Richardson.





Photo child

29 10 2009

She was born to appear in pictures.

angel3

Not too inspired to publish much else. Just wanted to put this picture out there. From when things were running faster and had a twilight smell on them.





Sobre lo subjetivo de la vida.

18 10 2009
Me estoy dando cuenta de que ya no celebro las cosas que dejo atrás. Hasta hace bien poco era un ser que sobrevivía a base de memoria, sacando brillo a recuerdos que en sí, en su momento, no significaron tanto. En esencia, nada significa nada hasta que demuestra mantenerse dentro a largo plazo, y es entonces cuando se libera en tu organismo y se vale de ti para vivir. Como un virus que no te apetece erradicar.
Y me he encontrado mirando a la pared, en esta caja de cerillas en lo alto de las escaleras, con los ojos buscando una referencia que no está aquí. La referencia inexistente me habría llevado a cierta calle hace años, volviendo a casa, con mi flequillo rizándose bajo la lluvia en polvo –término danés-de Bilbao. Con una quietud dolorosa pero autoinfligida y feliz, a su manera. Un proyecto gestándose capa a capa de confusión, cada una parida con dolor, por decirlo de alguna manera, con una esperanza que me sorprende por lo poco que se diferenciaba de la estupidez.
Supongo que es innecesario mencionar que todo esto lo ha desatado una canción concreta que no nombraré. Porque decir su nombre es prácticamente destapar mi cráneo y exhibir cada elemento con su etiqueta, historia, material, nombre científico. Y preferiría morir antes que dar algunos nombres. La cuestión, si es que existe algo semejante, es que me ha sorprendido este ataque de nostalgia por ser el primero en una etapa en la que me he dedicado a mirar hacia adelante. Tanto con horror (debidamente analizado en episodios anteriores) como con ilusión o indiferencia, he estado caminando con esas orejeras de caballo que sólo dejan ver de frente. Y de repente me ha dado por echar la vista atrás.
El paso del tiempo ha ido ajando ciertos pilares sobre los que se sostenía mi propensión a la melancolía y ha dejado otros en pie. Éstos no son tanto imágenes como sensaciones extremadamente concretas, que vuelven a mí a intervalos bastante separados. Me basta un tono en la luz para recibir el golpe en la nuca, el golpe que dice “este día es exacto al de aquella vez”. Y hoy he recibido uno de los fuertes. Una especie de mezcla condensada de imágenes muy dispares pero que, en el fondo, me temo que se reducen a lo mismo.
Me sorprende ser capaz de esto aún. Estoy firmemente convencida de que es algo común a todos y de que, si lo que digo no tiene ningún sentido para nadie, es porque no me explico bien. Es tan simple como que por un momento el pasado me ha agarrado de la garganta, como un déja vu largo, de esos que te dejan con la boca abierta. Y por primera vez en mucho tiempo, he remoloneado en esta sensación de vacío, de quemazón leve, que despierta el saber que aun a pesar de patear la puerta de atrás, algunas cosas nunca volverán, por fortuna.

Me estoy dando cuenta de que ya no celebro las cosas que dejo atrás. Hasta hace bien poco era un ser que sobrevivía a base de memoria, sacando brillo a recuerdos que en sí, en su momento, no significaron tanto. En esencia, nada significa nada hasta que demuestra mantenerse dentro a largo plazo, y es entonces cuando se libera en tu organismo y se vale de ti para vivir. Como un virus que no te apetece erradicar.

Y me he encontrado mirando a la pared, en esta caja de cerillas en lo alto de las escaleras, con los ojos buscando una referencia que no está aquí. La referencia inexistente me habría llevado a cierta calle hace años, volviendo a casa, con mi flequillo rizándose bajo la lluvia en polvo –término danés-de Bilbao. Con una quietud dolorosa pero autoinfligida y feliz, a su manera. Un proyecto gestándose capa a capa de confusión, cada una parida con dolor, por decirlo de alguna manera, con una esperanza que me sorprende por lo poco que se diferenciaba de la estupidez.

Supongo que es innecesario mencionar que todo esto lo ha desatado una canción concreta que no nombraré. Porque decir su nombre es prácticamente destapar mi cráneo y exhibir cada elemento con su etiqueta, historia, material, nombre científico. Y preferiría morir antes que dar algunos nombres. La cuestión, si es que existe algo semejante, es que me ha sorprendido este ataque de nostalgia por ser el primero en una etapa en la que me he dedicado a mirar hacia adelante. Tanto con horror (debidamente analizado en episodios anteriores) como con ilusión o indiferencia, he estado caminando con esas orejeras de caballo que sólo dejan ver de frente. Y de repente me ha dado por echar la vista atrás.

El paso del tiempo ha ido ajando ciertos pilares sobre los que se sostenía mi propensión a la melancolía y ha dejado otros en pie. Éstos no son tanto imágenes como sensaciones extremadamente concretas, que vuelven a mí a intervalos bastante separados. Me basta un tono en la luz para recibir el golpe en la nuca, el golpe que dice “este día es exacto al de aquella vez”. Y hoy he recibido uno de los fuertes. Una especie de mezcla condensada de imágenes muy dispares pero que, en el fondo, me temo que se reducen a lo mismo.

Me sorprende ser capaz de esto aún. Estoy firmemente convencida de que es algo común a todos y de que, si lo que digo no tiene ningún sentido para nadie, es porque no me explico bien. Es tan simple como que por un momento el pasado me ha agarrado de la garganta, como un déja vu largo, de esos que te dejan con la boca abierta. Y por primera vez en mucho tiempo, he remoloneado en esta sensación de vacío, de quemazón leve, que despierta el saber que aun a pesar de patear la puerta de atrás, algunas cosas nunca volverán, por fortuna.





#15

12 10 2009

”Lust is not, any more than pride, a mortal sin for the race that is strong. Lust, like pride, is a virtue that urges one on, a powerful source of energy.

Lust is the expression of a being projected beyond itself. It is the painful joy of wounded flesh, the joyous pain of a flowering. And whatever secrets unite these beings, it is a union of flesh. It is the sensory and sensual synthesis that leads to the greatest liberation of spirit. It is the communion of a particle of humanity with all the sensuality of the earth. It is the panic shudder of a particle of the earth.”

Futurist Manifesto of Lust 1913. Valentine de Saint-Point





Qué informal es todo por aquí.

6 10 2009

Hoy, en la English Postgraduate Party que ha seguido a nuestra instructiva charla sobre escribir nuestra tesis, he escuchado las palabras más honestas que jamás salieron de boca de un doctor.

El professor responsable del máster en literatura romántica ha admitido en un aparte que, si en la web de la universidad todo parece tan de colegueo y de departamento superdinámico, es porque los estudiantes somos clientes a los que hay que atraer de alguna manera. Y por supuesto la mejor vía es comunicarnos que en esta universidad somos un crítico más en el inmenso mar de investigadores literarios, con derecho a opinar y a abrir nuestra mente y a aportar al mundo nuestro originalísimo punto de vista sobre futilidades tales como la teoría literaria.

Por supuesto esto no era nuevo para mí, Mr. S. Pero gracias por hacernos partícipes activos de la idea base residente en estos adosados tan cucos como son la School of English. Casi creo ver el letrero de neón a la entrada, ”Licenciados sin posibilidad de trabajar, por aquí. Agradeceremos que tengan su cartera y su ano abiertos de antemano. Y sin haberlo deseado nos ha salido un pareado, que para eso somos literatos, ¿no? JA, JA, JA”. Todo esto parpadeando y haciendo toda clase de alegres trucos luminosos.

Está muy bien ser sincero y enrollado, señor. Pero por favor, déjenos al menos pensar que estamos aquí para algo de provecho.





La Calma.

17 09 2009

Antes de llegar y enfrentarme a todo esto, pretendía describir todos los detalles y pormenores de mis primeros días en Leeds. Una especie de dinámico relato con un montón de curiosidades y jocosos comentarios sobre el choque cultural que supone cruzar el cantábrico y desembarcar en esta isla. Supuse que de alguna manera me ayudaría haber pasado por un año erasmus. Error.

Sinceramente, no puedo medir en días el tiempo que ha pasado desde que llegué. Ha sido más bien una sucesión de sol y noche sin horas reales de inconsciencia, no que recuerde, excepto algunos sueños extraños que se interrumpían en cuanto mi contractura favorita me avisaba de que era hora de cambiar de postura en el camastro ese de St. Marks.

Pero no estoy aquí para quejarme. Este es el primer día que realmente tengo ganas y tiempo para escribir algo, de cualquier tipo. Y estoy resuelta a contabilizar éste como el día 2 de mi llegada. Porque todo lo demás ha parecido una pesadilla.

Un resumen poco histriónico de mi búsqueda de casa sería aburrido, aunque al ser una ciudad cuyos habitantes viven, en su gran mayoría, en puntiagudas casitas adosadas, Leeds se diferencia lo suficiente de Bilbao como para hacer mención a X fenómenos.

Pero mi cansancio emocional (pero qué pijada se acaba de inventar ésta, piensa el lector crítico) es lo suficientemente agudo como para saber que bajo ningún concepto soy capaz de escribir un ligero artículo sobre los pintorescos británicos y su tendencia a, por ejemplo, llamarte ‘love’ aunque no te conozcan de nada. Puede que en una semana sea capaz de relatar las rarezas de estas gentes. Pero hoy no. Sobre todo, estoy aquí para decir dos cosas.

Una, que he descubierto mi total incapacidad de recuperar el ritmo de Estocolmo en lo que a conocer gente, sonreír y mantener conversaciones triviales (de dónde vienes, qué estudias, cómo dices que te llamas, cómo se escribe eso) se refiere. He desarrollado una discapacidad social que me aleja de los rebaños de internacionales y empiezo a sentir alivio cuanto más silencio hay a mi alrededor. Realmente no lo entiendo muy bien. No soy así, y supongo que en realidad se trata de una fase. Pero mis límites de paciencia con la gente en general están al mínimo. Sobre todo cuando ves que en la lista de tareas incluida en el panfleto de orientación está el elemento “hacer amigos”, entre “registrarse con el médico” y “encontrar oficinas de correos”. Make friends, check. Claro, porque así funciona todo.

Dos, que es la primera vez desde que llegué que he podido coger un libro, olvidarme de todo y leer, leer. La biblioteca de esta universidad (y todo el campus en general) es simplemente acojonante. También ha sido la primera vez que me he atrevido a aislarme con los auriculares y sentarme en un banco sin sentir la más mínima presión por no acudir a demostraciones de cocina inglesa ni charlas sobre cómo aplicar el sentido común para no quemarte la cara mientras cocinas estando borracho.

Mrs. Dalloway me ha devuelto al principio de todo, al objetivo inicial, que parecía haberse ocultado tras kilos y kilos de mierda acumulada durante estos días, hasta que me olvidé de lo que buscaba, como en esa casa de la locura de Astérix y las doce pruebas. Es la primera vez desde que llegué que realmente me he parado a pensar en lo que estoy haciendo aquí, que es básicamente lo que quiero. Me he propuesto recordarme por qué he pasado por semejante ansiedad y miedo, y por qué me expongo a la añoranza; la razón no es más que dedicarme a comer libros. Y todo en un rincón pequeño y enmoquetado que debo completamente a la ayuda de tres personas que casi me han salvado la vida. Supongo que este blog hablará más de Sam, Abdullah y Lisa. Pero esa es otra historia, y ha de ser contada en otra ocasión.





#14

7 09 2009

“¡Espera! ¡Espera!”, llamaba con voz ronca. Vio cómo su sombra, proyectándose en las paredes, bajaba los últimos peldaños de la escalera con gran dignidad militar: un gran sable le colgaba de la cintura.
Era demasiado tarde para alcanzarla. Procolo la vio cruzar el umbral y, dejando abierta la puerta de par en par, confundirse con la noche.
Entonces se acercó a la ventana más cercana, la abrió y gritó en la oscuridad:
-¡Vuelve al menos a cerrar la puerta! -pero naturalmente la sombra siguió impasible su camino.
Presa del cansancio, el coronel se apoyó en el alféizar y se pasó una mano por la frente, los ojos fijos en el suelo. Sintió a su alrededor el grave silencio de la vieja casa, cargado de enigmáticas resonancias, y dejó pasar lentamente el tiempo, el tiempo maravilloso, que se agranda de hora en hora, engullendo sin pausa la vida, y acumula con paciencia los años, volviéndose cada vez más inmenso.

El secreto del Bosque Viejo. Dino Buzzati.





Puntos

6 09 2009

Penélope tejía de día y destejía por la noche para no casarse. Porque Odiseo estaba vivo, y ella lo sabía. Y no había nada más importante que mantener el sudario sin hacer, porque de ese sudario pendía toda posible razón de su existencia.

Yo hago puntos y puntos y parece que la bufanda se deshace sola cuando duermo. Como si ella supiera que es para él, y algún contrato invisible me impidiera irme hasta dársela.

Por eso paso a veces tantas horas haciéndola, casi mareándome por las vueltas interminables que da el hilo, sin nada más que pueda entretenerme, como la tele o un libro, porque tanto los ojos como los dedos están demasiado ocupados.

Entonces sólo me queda pensar, pensar, pensar hasta que mi cerebro da vueltas también y se queja contra mis sienes. Y cuando pienso tanto, y ordeno y desordeno todas las hipotéticas imágenes de lo que podría ser a partir de este viernes, sólo queda el terror.

El terror destilado de horas de agarrotar las manos entre la lana, de pensar que no dará tiempo, que no hay días, ya no, para perder a medias con él. Negro y gris, negro y gris, negro y gris, y negro otra vez.

Puede que me dé miedo volar. Pero ese horror pasajero no se parece en nada a este zumbido de angustia que se mantiene en el aire como encapotando el cielo.

Negro como la caja negra del avión y gris como las nubes de Inglaterra.





Sabías que.

26 08 2009

Típicamente ocurriría que, siendo niños, leeríamos alguna revista en la que pusiera algo así como

“¿Sabías que…
…la piel de las cebras es blanco sobre negro, y no al revés?”

Hecho que no sería en absoluto sorprendente si no fuera porque nos salía mucho más a cuenta usar plastidecor negra sobre folio blanco al dibujarlas, y no al revés.

Algo parecido puede decirse sobre el día de hoy. No porque me haya pasado hoy, sino porque me he acordado y se me ha ocurrido el absurdo símil de la cebra y me he dicho: “Es hora de escribir en el blog”. Total que repente una mano cósmica enorme me estampó en su día un Sabías Qué emocional bestial. Algo así como

“¿Sabías que…
…esta intensidad dentro de ti ha existido siempre pero nunca hubo nada ni nadie que la despertara antes?”

Pues no, no sabía, gracias. Pero no necesito ilustraciones para darme cuenta de que estoy mudando de piel a base de sonreír y tener miedo y gritar y tener miedo de nuevo, y luego confiar, para poco después flaquear y finalmente enterrarme en él y preguntarme de qué estábamos hablando.





#13

7 08 2009

A veces, en Tokio, pasamos días enteros separados, sólo por ver qué es lo que eso hace con nosotros. Como dos científicos imbéciles probando pequeñas dosis de veneno.

Tokio ya no nos quiere. Ray Loriga

Ha vuelto a pasarme que podría coger un lápiz y subrayar el libro entero. Pero como el libro no es mío, me he limitado a abrir la boca como una idiota ante la sucesión de imágenes explotamentes.

Qué puedo hacer ahora, estos días que me quedan, si agarrarme a este libro era casi como no soltar tu mano del todo.