On the road (los otros títulos eran aún peores)

24 07 2008

Vuelvo a casa todo lo radiante que se puede volver a casi las tres de la mañana, tras practicar uno de mis clichés favoritos: pasear por la ciudad de noche y justo después de la lluvia, con la música cerrando los oídos a cualquier intrusión externa. Te sientes tan especial y ajeno al mundo que roza la gilipollez, pero es estupendo.

Últimamente sueño con gente que se muere, yo incluida, aunque la noche que me tocó a mí queda ya bastante lejos en el tiempo, relativamente. Si digo “relativamente” es porque hoy he visto un documental sobre el tiempo y en una hora me he vuelto experta en el tema. El documental en sí no decía nada nuevo, pero sí ofrecía una imagen curiosa: si la edad de la tierra (4.600 millones de años aprox) fuera una línea trazada entre una playa de San Francisco y el salón del japonés del documental en Nueva York, las primeras grandes civilizaciones estarían situadas en el pasillo de su casa. Así escrito me suena fatal, pero en audiovisual era muy comprensible y hasta interesante. Cuán insignificantes y a la vez hermosos seres somos, etc.

Pero a lo que iba. Ya somos dos los que aparecemos muertos en el patio de mi casa. Anoche le tocó a un vecino, cuya verdosa cara veía por primera vez, mientras su familia lo incineraba ahí mismo, bajo los calcetines de la del primero. Por razones evidentes, bajamos a quejarnos de semejante escena y de que el humo estaba entrando por las ventanas. Que si estuvieran asando un cochinillo, todavía, pero que los restos del señor Fulano llegaran a la ropa blanca, pues no. Total que me he quedado sin saber el final, pero no menos mosqueada por las escenitas mortuorias en el patio. Si alguien se dedica a interpretar estas cosas, soy toda orejas. Absténganse los freudianos de hacer cualquier alusión a mi yo sexualmente reprimido, que con esto no cuela.

Y ahora cambiemos radicalmente de tema para hablar de cosas felices, como por ejemplo mi feliz viaje de mañana de diez horas (o más) de duración que ni son relativas ni empequeñecen frente a la magnificencia del cretácico superior. Y es que una servidora se despide de los mojados suelos de Bilbao y saluda a las piedras de las playas de Nerja, grandes y calientes como castañas infernales, pero tan queridas. ¿Y es que acaso hay algo más bonito que viajar en coche? Y sí, suena a sarcasmo, pero en realidad me gusta, y mucho. Años de no poder hacer nada en el viaje -leer, jugar al tetris- a riesgo de echar hasta el alma por la boca me han servido para apreciar el movimiento del mundo a través de la ventanilla. Y aunque tal vez In the Back Seat de ese grupo tan caro llamado Arcade Fire explicaría mejor la situación, prefiero despedirme con Loomer otra vez, por ser una obra maestra de la distorsión artesanal y porque en las letras no se muere nadie. Y porque si una nube de neón tuviera un sonido, sería precisamente éste.

Así que habéis de saber, queridos y escasos lectores, que la próxima vez que sepáis de mí me habré unido a la comunidad de seres chupacloro que invaden el mediterráneo. Pero el blog no lo abandono: como ya le he dicho a J, no caerá esa breva.


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3 respuestas

26 07 2008
chinchesenelespejo

Hola, hola

No sé si es cosa de mi ordenador o qué, pero la canción de Loomer me da “file error”. La otra la he podido escuchar y me ha molado; la tengo que escuchar con más atención otro día.

Y como en flickr no te puedo comentar, pues te digo aquí que qué bonita la foto de la fresa en la playa, me ha encantado. PRECIOSA. ¿Se puede saber qué playa de qué país es ésa?

Un beso desde el caluroso-lluvioso Bilbao. [El otro día alcanzamos los 40º, como si esto fuera Sevilla o Cáceres... y al anochecer, una pedazo tormeta de verano. El Bilbao de tus nostalgias hace cosas MUY raras...]

Paula

29 07 2008
perogrullo

La incineración es una, más que evidente, alegoría fálica.

Ouch, perdón.

31 07 2008
lyra

Paula: ¡Hola! Veo que tus chinches del espejo van viento en popa. Pues esa foto es de Grossenbrode, playa llena de vida animal en todas las formas del norte de Alemania, cerca de Kiel. Un gran sitio del que me llevé las mayores quemaduras de mi vida. ¡Gracias por el comentario! (Y que no se te olvide escuchar Loomer, por tu bien)

Perogrullo: como parece que no quedó muy claro en la entrada, reitero que los freudianos pueden meterse sus teorías por su metáfora anal favorita. :D

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