En ciertos aspectos, entrar al Guggenheim por la noche es como esa idea infantil de quedarse encerrado en una tienda de juguetes.
Anoche, R, J, A y yo bailamos, bebimos, señalamos, nos reímos (y nos pegamos), aprendimos (un poco) y gritamos como locos por entre las placas de hierro de Serra.
Echaba de menos una noche así de divertida.



¿Qué clase de evento se celebraba? ¡¡Qué envidia, tiene que ser super divertido!!
¡Qué envidia de noche! Se te ve estupendamente, me alegro un montón, yep.
Te envidio yo también! Últimamente necesito gritar demasiado. Acompañameeee! ^^
Qué de envidia suelta… no fue para tanto! Es cuestión de estar in the mood.
(aguillo, el sábado gritamos todo lo que haga falta)