La idea de ser un ratón como los que viven en nuestra cocina se vuelve gradualmente más atractiva. Especialmente desde que he decidido que ya vale de ponerles trampas. Prefiero mil veces que agujereen los paquetes de espaguetis a tener que rematar bichos tan peludos y adorables. Cualquiera que haya visto Pumuki o un mínimo de películas de Disney tiene encajada la pena en el subconsciente.
Pero me he desviado del tema. El futuro. Echemos mano de clichés y escribamos sobre cómo de felizmente simple tiene que ser la visión de futuro de un animal cuya esperanza de vida es la de un máster a tiempo parcial.
Desde luego, yo ya no tengo corazón para ver a más de estos tratando de despegarse de una trampa.
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¿De verdad son tan monos? Nunca he visto uno.
Qué sorpresa ver el nombre de tu blog en negrita en Google Reader, por cierto. ¡Ánimo! ¡Tú puedes!
Así de mono era, pero atrapado sobre una lámina pegajosa.
Lo sé, sólo escribo cuando tengo otros millones de cosas que hacer. Gracias chata.
Mil veces más adorables que las cucarachas. Tienes mi voto.
Gracias, lo necesitaré. Los están masacrando.
Me pido uno asi YA, no sé si me entiendes. O varios, que son adorables.
Pues corre, que se acaban.
Queremos que actualices. Ipso facto. He dicho.
Tarde o temprano habrá que aprender de la crueldad.
He dicho.
¿Cómo sienta dejar sentencias por ahí con la licenciatura debajo del brazo? : )