Y mientras miro a la niña que escucha las indicaciones de su padre-entrenador (“Are we going to train every morning?”), para al instante convertirse en un pez de cloro, y el hombre de dos metros de alto que está en la calle de al lado nada ridículamente despacio en comparación, me doy cuenta de que las sillas al otro lado del cristal que rodea la piscina se han convertido en mi sitio favorito. Asiento, sonrío, siguiendo sin quererlo el estribillo de All by myself, el eco de Celine Dion invadiendo el recinto como si siempre hubiera estado ahí.
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¿A qué viene tamaña melancolía de canción, Missus?
Más que melancolía yo lo llamaría horterada : D
No sé, de repente me encontré ahí sentada y me sentí casi casi como en la escena final de Déjame entrar (la sueca).